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Edgar Allan Poe: Vida y Obra de un Genio Literario Controvertido, Resúmenes de Lengua y Literatura

Literatura estadounidense del siglo XIXLiteratura RománticaEdgar Allan Poe

Biografía de Edgar Allan Poe, escritor estadounidense nacido en Boston en 1809, cuya vida estuvo marcada por la muerte de su madre, el abandono de su padre y la pérdida de su esposa, entre otras tragedias. Su obra, influida por la literatura romántica y el folklore sureño, aborda temas como la muerte, el amor obsesivo y la locura. Poe es considerado el primer representante de la contracultura y una víctima temprana de la revolución industrial.

Qué aprenderás

  • ¿Qué temas abordó Edgar Allan Poe en su obra y por qué eran controvertidos?
  • ¿Qué vivió Edgar Allan Poe durante su infancia y cómo influyó en su obra?
  • ¿Qué fue la influencia de la literatura romántica en la obra de Edgar Allan Poe?

Tipo: Resúmenes

2020/2021

Subido el 27/06/2022

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samuel-velez-3 🇨🇴

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¡Descarga Edgar Allan Poe: Vida y Obra de un Genio Literario Controvertido y más Resúmenes en PDF de Lengua y Literatura solo en Docsity! ‘EDGAR ALLAN POE EN EL SIGLO XXI’. ENSAYO DE GABRIEL JIMÉNEZ EMÁN EDGAR ALLAN POE EN EL SIGLO XXI UNA EXISTENCIA VERTIGINOSA Deben haber corrido ríos de tinta tratando de desentrañar la obra de Edgar Allan Poe, un escritor por muchas razones considerado fundador de un tipo de ficciones, ensayos y poemas que le granjearon un lugar muy destacado en la literatura de cualquier tiempo. No resulta sencillo justificar estas razones, aunque éstas sean harto conocidas. Sin embargo, habría que intentarlo de un modo muy sumario. Poe nació en Boston, Estados Unidos, a comienzos del siglo diecinueve (1809) y vivió sólo cuarenta años (1849) de una existencia poblada de incidencias fuertes, agobiantes, que le llevaron a definir una serie de fenómenos estéticos y vitales configuradores de su modo de concebir el mundo. Los datos más conocidos de su vida se inician con la muerte de su madre cuando sólo era un niño de tres años, (fue hijo de dos actores ambulantes, David Poe y Elizabeth Arnold, que no tenían cómo mantenerlo; murieron ambos casi al mismo tiempo, dejando en el abandono a tres hijos de corta edad) y el posterior abandono de su padre, por lo cual debe ser confiada su crianza al señor John Allan, acomodado comerciante de Richmond, Virginia, y de su esposa Frances Allan, madre adoptiva, quien también fallece estando él pequeño. De John tomó su primer apellido, y mantuvo con él una tensa y conflictiva relación. El joven Edgar viajó con sus tutores entre 1816 y 1820 a Escocia y Londres, donde su padrastro iba a hacer negocios, y allá estudió en colegios ingleses donde eran importantes los deportes y la rudeza física. Por eso, el aspecto de Poe nada tiene que ver con el de un endeble poeta ebrio; era un hombre no muy alto pero atlético, fuerte, de cuerpo proporcionado. Le gustaba practicar el box y es famoso el episodio donde nadó seis millas por la corriente de un río. Tenía una faz noble de ojos penetrantes, tristes y negrísimos, y una amplia frente. La cultura inicial de Poe proviene primero de su infancia, donde tiene contacto con el folklore sureño; es tratado por nodrizas negras y criados esclavos, en una niñez poblada de aparecidos, relatos sobre cementerios y cadáveres deambulando en selvas. Por otro lado, está el contacto durante su adolescencia con la lectura de revistas trimestrales escocesas e inglesas repletas de historias populares. Con su nodriza negra, de seguro, asimiló los ritmos de la gente de color que le prodigan fuerza a sus versos; luego, la presencia del mar y los capitanes de navío con quienes trataba su padrastro en los negocios de ultramar, que narraban historias marineras, han debido impresionarlo. Luego John Allan lo envía a estudiar a la Universidad de Virginia, pero el joven Edgar presenta tendencias constantes a la bebida y al juego que le impiden cumplir cabalmente sus estudios, razón por la cual el padrastro le retira su apoyo económico. Después de esto, intenta el ingreso a la academia militar de West Point, a donde se acostumbra menos, imposibilitado de adaptarse a la disciplina militar. Comienza entonces a leer mucho y a escribir poemas, artículos y relatos donde muestra sus tempranas dotes. Aprovecha y cultiva estas aptitudes y marcha a la ciudad de Baltimore, donde comienza a trabajar como crítico literario en diversos periódicos de la época. De ahí en adelante, este será su principal oficio y su modo de mantenerse, junto al de editor y director de revistas (Southern Literary Messenger); y ello hay que tenerlo muy en cuenta en el momento de valorar una existencia transcurrida entre la precariedad material, una ardiente imaginación y una vocación indeclinable por la literatura, hasta sus últimos días. Antes de cumplir los treinta casó con su prima Virginia Clemm, (había tenido dos novias en su época de adolescente, Helen y Elmira) con la que estuvo unido por once años, al morir ésta de tuberculosis, hecho que le sume en una depresión nerviosa. Aunque ya había publicado en 1840 sus Cuentos de lo grotesco y arabesco, su verdadero reconocimiento como escritor se inicia con la publicación del relato El escarabajo de oro en 1843, texto donde se advierten sus facultades: claro dominio de un estilo propio, capacidad deductiva, amplia cultura científica y filosófica, y una imaginación febril heredada de la tradición gótica inglesa del siglo XVIII, remozada con peculiares toques de elementos nuevos, que se mueven entre la alteridad de los personajes y su mundo psíquico, así como en los territorios de lo poético y lo tétrico (los cuales forman parte de su concepción sobre el arte del grotesco), de ahí que se le tenga como a un maestro del cuento de terror y de la novela policial (el análisis de pistas y datos que permiten dar con el culpable de determinado asesinato, aparecen por vez primera en Los crímenes de la calle Morgue), al tiempo de considerársele un poeta romántico y una suerte de decadentista, precursor de la ciencia ficción (por el uso de elementos de razonamiento científico en el diseño de mundos utópicos) y del llamado espíritu moderno, al establecer el choque de un mundo espiritual e independiente con el de la incomprensión materialista de la sociedad masiva utilitaria, consecuencia del mundo industrial capitalista. Esta condición de avanzada es reconocida en Europa por el mismísimo Charles Baudelaire, quien llevó a cabo la versión íntegra de sus obras al idioma francés y escribió para ellas un prólogo revelador, que lo coloca de inmediato en la cúspide de la literatura europea. Baudelaire y Rubén Darío coinciden en el contexto fundamentalmente materialista y pragmático, casi insensible, donde se desenvuelve la vida de Poe, en unos Estados Unidos “ciclópea, monstruosa, tormentosa, irresistible capital del cheque” como la llama Darío, que no puede ser propicia a un alma delicada y refinada como la de Poe. Mientras, Baudelaire nos dice que los Estados Unidos son “un país gigantesco e infantil, naturalmente celoso del viejo continente. Satisfecho de su crecimiento material, anormal y casi monstruoso, este recién llegado a la historia tiene una fe ingenua en la omnipotencia de la industria; está convencido, como algunos desventurados entre nosotros, de que terminará por devorar al Diablo” . Por su parte, nuestro Ludovico Silva nos dice que “Tal vez sea Edgar Allan Poe –y la elección no es arbitraria— la primera víctima de la revolución industrial, y el primer representante genuino de la contracultura. Defino a la contracultura, provisionalmente, como el modo específico de ser cultural de la sociedad capitalista, y se caracteriza por su oposición implacable a los valores de cambio en que se basa esta sociedad.” a su sabiduría, a su meditada lectura de libros y a la ejecución de instrumentos musicales, su conocimiento de las lenguas clásicas, sus juicios cabales. Pero el acecho de la muerte no podía faltar. Por supuesto, se trata de la esposa de quien narra la historia. La medianoche que precedió a su muerte, Ligeia llama a su marido para confiarle unos versos extraordinarios. Fallece. El esposo se muda de Alemania (vive a orillas del Rin) a una abadía de Inglaterra, donde realiza el descubrimiento de una extraña recámara, y comete el error de volverse a casar, esta vez con Lady Rowena. Poe procede a convertir, en la segunda parte del relato, a aquello que ha sido hermoso, en una verdadera pesadilla. No se resiste nuestro escritor a transfigurar la atmósfera de la nueva vivienda para enrarecerla hasta el paroxismo. Rowena también muere y por supuesto los recuerdos de Ligeia se asocian a ésta hasta alcanzar el conocido estado de muerte-vida donde Poe suele conducir a sus mujeres. Personalmente, me parece un final predecible, esquemático. Poe dañó este cuento agregándole elementos macabros innecesarios, referidos a la reencarnación. No es ocioso decir aquí que en sus poemas o cuentos pueden aparecer muchas veces los nombres de esas mismas mujeres, llámense Leonora, Elena, Annie, Annabel Lee, Isadora, Ulalume, Helen, Elisabeth, Ligeia, Eulalia, Berenice, Morella: todas son acaso una sola mujer transfigurada, multiplicada, con rasgos cambiantes, pero en el fondo una sola que puede ser hermana, madre, amante, esposa, sabia, erudita; en lo profundo se encuentran dominadas por algún mal o enfermedad. Asimismo, habría que acatar la observación de Baudelaire donde nos dice que en los relatos de Poe nunca hay amor, mientras sus poemas están impregnados fuertemente de este sentimiento. Y otra, donde el gran poeta francés anota que “a pesar de su prodigioso talento por lo grotesco y lo horrible, no hay en toda su obra ni un solo pasaje que tenga que ver con la lubricidad, ni siquiera con los goces sensuales.” Y para aprovechar la mención de este otro gran genio literario de lo maldito, lo popular y lo trágico que fue Baudelaire, éste ha dicho que Poe es el escritor de los nervios, que desarrolla sus historias al amparo de una “imperceptible desviación del intelecto y en una hipótesis audaz, en una dosis imprudente de la Naturaleza en la amalgama de sus facultades.(…) describe, de esa manera minuciosa y científica cuyos efectos son terribles, todo lo imaginario que flota en torno al hombre nervioso y le conduce a la perdición”. En La carta robada no hay nada de miedo u horror; en este caso se trata sólo de la inteligencia deductiva de Dupin, el detective creado por Poe, cuando se dispone descubrir el paradero de una carta perdida dentro de una casa, que puede comprometer el futuro político de un hombre importante. Aquí el autor hace gala de sus cualidades analíticas pero también de su sentido común, en una historia que no tiene nada de fantástico, pero sí de ironía política y de crítica al poder. La cita tiene lugar en Venecia, en el estrambótico palacio que un príncipe ha creado para soñar allí y albergar obras de arte y visiones macabras, hastiado de la vida hasta al suicidio, a donde le precede la visión de una bellísima marquesa. El tema del doble aparece con inusual fuerza en William Wilson. Un hombre maduro, en una apartada mansión, recuerda sus años de infancia y adolescencia, su época de estudiante en la academia, y el encuentro con un joven con su mismo nombre y su misma data de nacimiento, quien le aventaja en atributos de todo tipo, una suerte de gemelo desconocido comienza a acosarle y obsesionarle hasta puntos radicales. Lo más notable de este cuento es la sutileza con que se van tejiendo los pormenores del parecido entre ambos personajes, que rebasan lo físico para tornarse en atributos (y luego en perversiones y desviaciones) mentales a medida que la historia transcurre. Poe sabe mantener el debido suspense que le granjeó tanto prestigio como narrador. En historias no expresamente macabras o terroríficas este elemento resulta mejor manejado: sutilmente, lo fantástico va emergiendo de lo cotidiano, va haciendo irrupción en el mundo rutinario, surge el fantasma en la esfera de lo “normal” hasta convertirse en extra-ordinario, dibujando así una de las grandes destrezas de Poe en el relato. En Silencio el verdadero protagonista es el paisaje desolado de un valle. No hay personajes sino apenas aquel que lo contempla; se trata de una fábula sobre un paisaje inmóvil dominado por la presencia de una deidad maligna, que profiere un anatema contra éste. Revelación mesmérica trata de la conversación un hipnotizado al borde de la muerte, donde se abordan los peliagudos temas de Dios, la materia indivisa, la mente, el pensamiento, el cuerpo. Un relato esencialmente filosófico donde Poe desarrolla su concepción del dolor y del placer como fuerzas antagónicas pero complementarias, necesarias para sopesar la existencia. El corazón delator pertenece a ese tipo de relatos construidos a partir de la cotidianidad, que logran estremecernos a través de un tratamiento logrado del espantoso latido del corazón de un hombre viejo, que se resiste a morir. El texto de Los anteojos, narra el “flechazo” amoroso sufrido por el protagonista durante su estadía en un teatro, ante Madame Eugenia Lalande, belleza con quien su pretendiente, después de muchos escarceos, consigue una cita. Va a su encuentro, disfrutan de paseos, veladas musicales de ópera (Poe era un incurable melómano) donde Eugenia Lalande también canta. Un día ésta le pide que use unos anteojos especiales que le permiten ver, o mejor, descubrir una cruda, desagradable realidad. Una vez más Poe tuerce el curso del relato, mas no a través del terror o de incursiones necrofílicas, si no mediante el deterioro físico de la vejez de una mujer que él cree joven, pues ha sido víctima de una trampa hilada por un equipo de impostores a donde pertenece la propia madame Lalande. Hasta aquí las síntesis argumentales. Invito al lector a un recorrido por estos extraños textos que atravesaron la mitad del siglo XIX, todo el siglo XX y arribaron al XXI aún frescos, llenos de poder sugestivo . Un aspecto distintivo del mundo de Poe, es que es él mismo, su propia imagen, la que protagoniza sus relatos, el narrador testigo es el propio Poe que se ha convertido en el principal personaje de sus cuentos. Y esto hasta ahora, no había sucedido nunca en ningún cuentista anterior, y posiblemente tampoco ha aparecido con tal fuerza en uno posterior, con excepción quizá de Horacio Quiroga. EL ESTILO DE POE Y SU RADIO DE INFLUENCIA Por último, voy a intentar expresar en qué consisten para mí las contribuciones de Poe a la prosa de ficción en la tradición de occidente. En primer lugar, Poe es más un narrador de ideas y atmósferas que de determinadas anécdotas o hechos sometidos al arte literario. Es un narrador que filosofa a medida que avanza en la historia, y está más interesado en descubrir qué sienten o piensan los personajes, que en describir los motivos de sus actuaciones en el cotidiano existir, se deba ello a su propia voluntad o conducidos por convenciones sociales; más bien se sumerge en la mente de éstos, en sus gustos, decepciones o reacciones adversas, en el fatum de la propia existencia de sus seres, que en una inútil descripción de sus pareceres sobre familia, política o sociedad; está más interesado en narrar la enajenación psíquica de éstos, sus contrariedades, sus males, su dolor, que salir airoso en un final verosímil (feliz o trágico, lo mismo da) para complacer al lector; prefiere sumergirlo en una serie de dubitaciones que le induzcan a pensar en la posibilidad de creer en lo invisible, lo intangible, lo etéreo o lo metafísico mediante una suerte de trascendentalismo inducido, es decir, un modo de creer en un más allá, en una dimensión superior idealizada, propia del romanticismo, que incluye, por supuesto, un culto a la muerte, pero ese culto se realiza mediante una organización de la mente analítica, de la existencia de una esfera superior donde puedan habitar seres, sentimientos o intuiciones poderosas que incluyen la idea de Dios, más que a Dios mismo; de ahí su permanente distanciamiento de cualquier religión. Cuando parece estar cerca de Dios, Poe y sus personajes (o bien Poe convertido en personaje de sí mismo, su principal logro estético, literario y filosófico), ponen un cerco al todopoderoso para que éste no aparezca, y así sus personajes idealizados, desdibujados, tomen el lugar de éste, convertido no ya en una deidad, persona o entidad religiosa, si no en una suerte de energía cambiante, de potencia estética a donde Poe desea conducir su mundo. Poe fuerza la barra permanentemente, y al no encontrar respuesta para sus personajes perdidos, extraviados, desconsolados o angustiados, describe los entornos o ambientes de éstos de un modo fantasmal, imprime un carácter quimérico a los deseos de éstos y los sume en atmósferas interiores abigarradas rodeadas de esculturas, muebles, pinturas, retratos, camafeos, perfumes, olores, hasta propiciar ambientes saturados, recargados a conciencia, poblados de referencias culteranas, eruditas, musicales o plásticas. La principal arma descriptiva de Poe es la pintura, opera como un artista que hace un retrato a través de pinceladas, colores, toques perfeccionistas aquí y allá en el logro de perfiles, rostros, gestos, texturas, detalles; luego los suspende en el tiempo, congela las imágenes y después apela a la música, al ritmo y cadencia de su escritura para conducir al lector a una especie de embriaguez sonora de donde le sea difícil salir, pues nuestro escritor tiene esa capacidad de colocar siempre en las historias a un personaje en segundo o tercer plano para que éste opere como bisagra de la narración, y así ofuscarlo aún más con nuevas descripciones de este tipo, lo lleva hasta el paroxismo, y aunque éste lector no comulgue totalmente con la historia o se identifique con los personajes, no tiene más opción que concluir la historia. Con esto, creo, Poe aporta a la prosa romántica nuevos elementos, ingredientes que no habían sido avizorados en la prosa romántica europea desde Goethe, Hoffman o Hugo. ¿Qué ocurre después de Poe? Lo que ocurrió con todo el romanticismo en el mundo entero: o se reacciona contra él, como hizo el neoclasicismo, o se le intenta innovar o asimilar desde otros movimientos como el simbolismo, el dandismo, el decadentismo o el modernismo hispanoamericano. Pongamos unos pocos ejemplos: Oscar Wilde, el último de los grandes dandis, absorbe directamente la estética de Poe; en Italia, en la obra de otro dandi como Gabriel D’Annunzio; en Francia lo hace Guy de Maupassant en sus cuentos obsesivos y delirantes, y en los parnasianos franceses; en toda la novela policial, desde Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle hasta Henry James y Wilkie Collins, pasando por las novelas de Agatha Christie, Georges Simenon y los estadounidenses Raymond Chandler y Dashell Hammet (a mi entender los mejores); también en la literatura fantástica propiamente dicha en obras como las de Howard Philip Lovecraft, Franz Kafka y los ingleses Blackwood, Harvey y Kettridge; luego en América Latina su influjo más fuerte es en el cuento en autores como Horacio Quiroga, Pablo Palacio, Juan Rulfo, Julio Torri, Julio Cortázar, Julio Garmendia, José Antonio Ramos Sucre, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges o Gabriel García
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