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La relación entre la filosofía y la teología sobrenatural, Apuntes de Psicología

Este documento analiza la relación entre la filosofía y la teología sobrenatural, explorando cómo ambas disciplinas se enfrentan a la comprensión de dios. Se examina la filosofía griega de parménides y la revelación divina en el antiguo testamento, y se discute cómo ambas perspectivas son diferentes pero complementarias. Además, se analiza la teología de tomás de aquino y la filosofía de kant, y se discute cómo ambas perspectivas han influido en la comprensión de la relación entre la filosofía y la teología sobrenatural.

Tipo: Apuntes

2023/2024

Subido el 05/04/2024

eduardo-correa-90
eduardo-correa-90 🇦🇷

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¡Descarga La relación entre la filosofía y la teología sobrenatural y más Apuntes en PDF de Psicología solo en Docsity! 37 LA FILOSOFÍA Y LA TEOLOGÍA SOBRENATURAL La filosofía tiene por objeto la totalidad de la realidad. Y esto incluye a Dios, sobre quien la razón algunas cosas puede afirmar o negar. Pero la filosofía no es la única que tiene a Dios como objeto. Hay también otro saber que centra su interés en Dios, aunque no lo hace a partir de lo que la razón humana puede llegar a concebir sobre Él, sino desde los datos de la Revelación, es decir, de lo que Dios mismo ha dicho sobre sí mismo, palabra que recibe nuestra aceptación por medio de la fe. De modo que hay un relato posible sobre Dios que es filosófico y otro que no lo es. Como ejemplo de esto se puede con- traponer la noción del ser como origen de todas las cosas, conquistada por la razón humana en Parménides de Elea en su poema Acerca de la naturaleza, y la del ser que se encuentra en el libro del Éxodo del An- tiguo Testamento. Parménides, filósofo griego que nació probablemente a fines del siglo VI antes de Cristo escribió en su Poema: “Es necesario que sea lo que cabe que se diga y se conciba. Pues hay ser, pero nada, no la hay”. (Fragmento 6) Y un poco más adelante continúa: “Así que es necesario que [el ser] sea plenamente o que no sea en absoluto. Y nunca la fuerza de la convicción admitirá que, de lo que no es, nazca algo fuera de sí mismo”. (Fragmento 8) Lo que expresa este pensador es que algo que llama ser es el origen de todas las cosas, y que este ser es “ingénito e imperecedero, entero, único, inmutable y completo. Y que no ‘fue una vez’, ni ‘será’, pues ahora es todo a la vez, uno, continuo. Pues ¿qué origen le busca- rías?” (Fragmento 8). Es necesario decir y pensar que el ser es. Muy diferente es el contexto en el que el pueblo de Israel recibe la noticia de que Dios es el que es: en la cima del monte Sinaí e inte- 38 rrogado por Moisés acerca de su nombre, Dios se define a sí mismo como “El que es”. Moisés ha escuchado a alguien que le habla y al que no ve, que le dice que debe sacar a su pueblo de la esclavitud en Egipto y llevarlo a tierras de abundancia. Y a este que le habla, Moi- sés le pregunta en nombre de quién ha de llevar este mandato a su pueblo. “Pero si voy a los hijos de Israel y les digo: el Dios de vuestros padres me envía a vosotros, y me preguntan cuál es su nombre, ¿qué voy a responderles?” Y Dios dijo a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Así responderás a los hijos de Israel: YO SOY me manda a vosotros” (Éxodo 3; 13, 14) Las dos afirmaciones, la de Parménides y la del Éxodo, son si- milares. Sin embargo, una es filosófica y la otra no. La de Parménides es filosófica porque tiene su origen en la razón humana. La del Exodo no lo es porque tiene su fuente en la Revelación divina, en la Palabra de Dios. La filosofía que se dedica al estudio de Dios se llama teología, como alguna vez la denominó Aristóteles. Pero se trata de una teolo- gía natural, que se desarrolla a la luz de la razón y que forma parte de la metafísica, que estudia a todos los seres (el ser en cuanto ser), in- cluso a Dios, el mismo Ser Subsistente. A esta parte de la filosofía que estudia a Dios le interesan fundamentalmente dos grandes problemas: la existencia de Dios, y qué es Dios (la esencia de Dios). La Doctrina Sagrada, o Teología sobrenatural, en cambio, se apoya en la fe y parte de los datos revelados. Recoge y organiza las verdades reveladas, con- tenidas en la Escritura y en la Tradición. Los filósofos y teólogos me- dievales tuvieron mucho cuidado en distinguir la razón de la fe. Tal es el caso de Tomás de Aquino, quien comienza su Suma Teológica (la Primera Parte) con la cuestión 1 (“Cuál sea la doctrina sagrada y a qué cosas se extiende”), y en ésta con su primer artículo, cuyo título es Si es necesario que haya una doctrina distinta de las ciencias filosóficas. Hay que advertir que el autor utiliza la expresión “ciencias filosóficas” porque en el siglo XIII se utiliza todavía la concepción griega (concre- tamente aristotélica) de la filosofía como “ciencia”. Para una mayor comprensión entonces modificaré el original utilizando la expresión “filosofía” donde el autor escribe “ciencia filosófica”. Tomás de Aquino comienza el análisis del problema planteado 41 Pero aclara Kant que con esto no se entiende que la suposición de la existencia de Dios sea necesaria como fundamento de toda obli- gatoriedad, por lo que sostiene que el principio cristiano de la moral no es teológico (esto supondría que tal principio sería heterónomo), tiene su origen en la autonomía de la razón práctica pura para sí mis- ma, porque no convierte el conocimiento de Dios y de su voluntad en fundamento de las leyes. La teología se encuentra en Kant reducida a procurar una convicción moral. La postura de Augusto Comte es todavía mucho más radical: el estadio teológico es el estado ficticio que se corresponde con la niñez de la humanidad, en el cual se explicaba el mundo a través de seres imaginarios. La ciencia, sostiene en el estadio positivo, no admite nin- guna posibilidad de especulación acerca de Dios. A esta negación de la teología le sucederá pronto la negación misma de Dios, con el ateísmo de Carlos Marx y de Federico Nietzsche en el siglo XIX o de Jean Paul Sartre en el siglo XX. Este ateísmo vuelve imposible el planteo de la relación entre filosofía y teología sobrenatural, al mismo tiempo que debilita sustantivamente a la filosofía misma, por privarla del más alto de sus objetos. Para que pueda plantearse la relación entre filosofía y teología sobrenatural debe admitirse la existencia de Dios. Ahora bien, la fe no es una filosofía. Y por eso si bien hay sistemas filosóficos que se pres- tan mejor que otros a establecer una relación armónica con la teología sagrada, esto no es privativo de ninguno. No hay una postura filosófi- ca que tenga la verdad total sobre Dios. Esta exclusividad en todo caso puede afirmarla el teólogo, pero no el filósofo. En teología es admisi- ble la condena de enunciados contrarios a los propios. Esto en absolu- to es pertinente en filosofía. La filosofía es el esfuerzo por ascender, mediante la luz natural de la razón, hasta Dios, dentro de lo humana- mente posible. Por eso el filósofo nunca parte de Dios; trata de llegar a Él como término de su especulación. La Teología Sobrenatural –y con ella la religión- es el descenso de Dios al hombre, para santificarlo. El teólogo sí parte de Dios. Ni la fe se deduce de una filosofía ni todos los conocimientos fi- losóficos posibles sobre Dios nos conducen hacia el Dios de la fe, a Dios como Padre y Salvador de todos los hombres. La distinción de Tomás de Aquino entre filosofía y teología sobrenatural sigue siendo válida, al menos para el filósofo creyente. 42 Sobre las relaciones entre Filosofía y teología sobrenatural pueden encontrarse más precisiones en Etienne Gilson, El filósofo y la teología. (Trad. de G. Torrente Ba- llester. Ed. Guadarrama, Madrid, 1962). También en Raúl Echauri, “Fe y razón en la reflexión filosófica”, Anuario Filosófico, vol. II, 1969, Universidad de Navarra. Sobre las relaciones entre la teología y la filosofía moral hay interesantes precisiones en José Luis L. Aranguren, Ética (Revista de Occidente, Madrid, 1972). Sobre la naturaleza de la Revelación puede consultarse de Romano Guardini Religión y Revelación (Trad. de José María Valverde, Ed. Guadarrama, Madrid, 1964). La cita de Parménides co- rresponde a la traducción de Alberto Bernabé, en Filósofos presocráticos (De Tales a Demócrito). (Ed. Altaza, Barcelona, 1997). El texto citado de la Crítica de la razón práctica de Manuel Kant pertenece a la traducción de J. Rovira Armengol (Losada, Buenos aires, 1961), Libro II, capítulo V, p. 134. Juan Carlos Pablo Ballesteros
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